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Oct

Biografía y obras de Ibn Tufayl

por J. M. Puerta Vílchez y J. Lirola Delgado

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Abu Bakr Muhammad b. `Abd al-Malik b. Muhammad b. Muhammad b. Tufayl al-Qaysi (Guadix, Purchena o Tíjola, princ. s. XII-Marraquech, 581=1185-6), destacado médico, filósofo y literato, conocido en el Occidente latino con el nombre de Abubacer; también llevó la kunya de Abu Ya`far.

 

Aunque generalmente se afirma que nació en Guadix, ya que algunos biógrafos le atribuyen la nisba al-Wadiashi o lo señalan como habitante de dicha ciudad, no hay que descartar que naciera en Purchena o, incluso, en Tíjola, localidades ambas situadas en el Valle del Almanzora (Almería). Tanto Ibn al-Abbar como al-Safadi precisan que era de Purchena (Burshana), mientras que Ibn Sa`id lo incluye, junto a otros familiares, en la localidad de Tíjola (Tayula). Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, aunque hubo de ocurrir a principios del siglo XII. Debió de pertenecer a la tribu árabe de los Banu Qays, razón por la que el califa almohade, en los preparativos de la campaña militar que lanzó para reducir a Ibn Mardanish y controlar el territorio andalusí en el 566-7 (=1170-2), le encargó la composición de un poema con la intención de convocar y movilizar a las tribus árabes.

 

 

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Apenas nos han llegado noticias sobre su vida. Sabemos que se formó, entre otros, con Abu Muhammad al-Rushati y `Abd al-Haqq b. `Atiyya, quizá en Almería, donde ambos maestros se encontraban establecidos. A pesar de que en ocasiones se le ha considerado discípulo de Ibn Bayya, lo cierto es que el propio Ibn Tufayl lo niega en la introducción a su Risalat Hayy b. Yaqzan. Algunos biógrafos lo califican de alfaquí, por lo que seguramente estudió ciencias religiosas, sobre todo derecho islámico (fiqh), además de medicina, disciplina en la que demuestra un especial interés por la cirugía.

Durante el gobierno independiente de Abu Ya`far Ibn Milhan y su hermano Abu l-Husayn en la región de Guadix y Baza, trabajó para ambos, dedicándoles numerosos panegíricos. Tras el reconocimiento de la autoridad almohade en el 546 (=1151-2) comenzaría su relación con los gobernantes almohades, siendo secretario del gobernador de Granada durante un período de tiempo no precisado. Después de ser nombrado gobernador de Ceuta y Tánger en el 549 (=1154-5) el sayyid almohade Abu Sa`id `Utman, uno de los hijos de `Abd al-Mu''min, Ibn Tufayl fue secretario suyo en las referidas localidades. La época más importante de su vida debió de ser, sin duda, la que pasó al servicio del sultán almohade Abu Ya`qub Yusuf (g. 558-80=1163-84), de quien fue médico de cámara y, según algunos, incluso visir (Ibn Abi Zar`, Rawd, 207). Con este soberano, célebre por su inclinación hacia el saber, mantuvo una estrecha relación. Al-Marrakushi (Mu`yib, 353/195-6) refiere que fue Ibn Tufayl quien presentó a Ibn Rushd (Averroes) a dicho califa, quien interpeló al filósofo cordobés acerca del problema de la eternidad del mundo; Ibn Rushd permaneció en silencio temeroso de expresar su parecer, pero el califa almohade disertó con gran autoridad sobre el tema con Ibn Tufayl hasta que, desaparecida la inquietud del sabio cordobés, terminó por exponer sus ideas. En esa misma fuente (Mu`yib, 353-4/196) se dice que Ibn Tufayl, en las postrimerías de su vida y excusándose de no acometer él mismo la tarea por su avanzada edad y por tener ocupaciones más graves, fue quien medió para que Ibn Rushd hiciera comprensible, a petición del califa, la filosofía de Aristóteles, o aclarase las posibles malformaciones cometidas por sus traductores, con lo que propició la gran labor comentadora del filósofo cordobés. Este dato, de interés ideológico, presenta, sin embargo, dudas en lo que a su exactitud histórica se refiere, por cuanto que la actividad comentadora de Ibn Rushd antecede con mucho al momento indicado en esa versión de los hechos. 

Ibn Tufayl realizó prolongadas estancias en Sevilla en compañía del califa Abu Ya`qub, razón quizá por la que se le da en ocasiones la nisba al-Ishbili. Hacia el año 578 (=1182) cedió, a causa de su avanzada edad, su cargo de médico a Ibn Rushd, entregándose entonces a una vida de retiro y meditación. Según Ibn Sa`id, tras la muerte del califa almohade, ocurrida durante la campaña de Santarén, en el 580 (=1184), Ibn Tufayl se recluyó en su casa de Tíjola, aunque cuando murió, en el año 581 (=4 abril 1185-23 marzo 1186), se encontraba en Marraquech, donde fue enterrado. A su sepelio acudió el sultán almohade Abu Yusuf Ya`qub al-Mansur.

Entre sus discípulos destacan Ibn Rushd y al-Bitruyi. El dato que lo relaciona con una tariqa (cofradía sufí) es fruto de una mala interpretación de un pasaje de Ibn al-Zayyat al-Tadili (Tashawwuf, 36).

OBRAS:

- Risalat Hayy b. Yaqzan fi asrar al-hikma al-mashriqiyya (Epístola de Hayy b. Yaqzan sobre los secretos de la sabiduría oriental).

Se conservan buen número de manuscritos, entre los que destacan: Bodleian Library, Oxford (año 703=1303-4); Dar al-Kutub al-Misriyya, Taymur, Hikma, nº 19, atribuido erróneamente a Ibn Sab`in con el título de al-Mirqat al-Zulfà wa-l-mashrab al-asfà; Dar al-Kutub al-Misriyya, Taymur, Tasawwuf, nº 149; Landberg, E. J. Brill, Leiden, nº 533, 573; al-Maktaba al-Ahliyya de Argel (año 1180=1766); Monasterio de El Escorial, nº 696 (3), bajo el título de Asrar al-hikma al-mashriqiyya; Museo Británico, nº 978 (10); Familia al-Tantawi de Damasco (año 1283=1866-7), copia muy exacta, aunque tardía.

Este célebre relato filosófico ha sido objeto de múltiples ediciones. La primera de ellas es la de Eduard Pococke, con versión latina incluida: Philosophus autodidactus, sive Epistola Abi Jaafar ebn Tophail de Hai ebn Yokdhan, in qua ostenditur, quomodo es inferiorum contemplatione ad superiorum notitiam Ratio humana ascendere possit. Ex Arabica in Linguam Latinam versa ab Eduardo Pocockio, Oxford, 1671 (esta ed. sirvió de base para numerosas traducciones e inauguró en Occidente la costumbre de titular la obra como "El filósofo autodidacto"); Léon Gauthier, ed. crítica con trad. francesa (Hayy ben Yaqdhân. Roman philosophique d''Ibn Thofaïl, Argel, 1900; reed. Beirut, 1936), que sigue siendo una buena referencia; en los países árabes son de destacar las siguientes ediciones: El Cairo, Matba`at al-Watan y Matba`at Wadi l-Nil, 1881-2; Yamil Saliba y Kamil `Ayyad (Damasco, 1935; 5ª ed. 1962); Ahmad Amin (El Cairo, 1952); Albert Nasir Nadir (Beirut, 1968; 2ª ed. revisada 1982); Faruq Sa`d (Beirut, 1973; 3ª ed. 1980); y `Abd al-Karim al-Yafi (Damasco, 1995).

Tras Las mil y una noches, ésta es, posiblemente, la obra literaria árabe clásica más veces traducida y a un mayor número de lenguas. Ya en la Baja Edad Media fue vertida al hebreo por un autor desconocido; en 1349 Moisés de Narbona realizó un comentario en hebreo sobre dicha traducción; en el siglo XV se supone que Pico de la Mirandola realizó una versión latina a partir también de la traducción hebrea; en 1671 E. Pococke realizó su traducción al latín, apareciendo en los años siguientes traducciones al holandés e inglés a partir de esa versión; en 1701 apareció la segunda edición de la traducción holandesa atribuida a Benedicto de Spinoza, pero que en realidad fue realizada por su colega Johan Bouwmeester; en 1708 Simon Ockley realizó una nueva traducción inglesa, directamente del árabe; en 1726 J. Georg Pritius la tradujo al alemán a partir de las versiones latina e inglesa; una nueva traducción al alemán fue publicada en 1783 por J. C. Eichhorn; en 1900 apareció la traducción francesa de L. Gauthier. reeditada en Beirut en 1936. Hay noticias de que M. Quatremère había realizado una traducción francesa en el siglo XIX y que se conserva manuscrita en la Biblioteca de Munich. Otras traducciones son las publicadas por P. Brönnle, al inglés, en 1904; Kuzmin, al ruso, en 1920; Z. A. Siddiqi, al urdu, en 1955; B. Z. Fruzanfar, al persa, en 1956; Riad Kocache, al inglés, en 1982; L. E. Goodman, al inglés, en 1983; y O. F. Best, al alemán, en 1987.

Al español fue traducida por primera vez por Francisco Pons Boigues (El filósofo autodidacto de Abentofáil, novela psicológica traducida directamente del árabe, con prólogo de M. Menéndez Pelayo, Zaragoza, 1900; reed. Barcelona, 1987) y más tarde por Ángel González Palencia (Madrid, 1934; 2ª ed. Madrid, 1948; reed. Madrid, 1995, con intr. de Emilio Tornero). Emilio García Gómez preparaba una nueva traducción antes de su fallecimiento en 1995.

La Risalat Hayy b. Yaqzan de Ibn Tufayl se caracteriza por una peculiar y bien trabada fusión de discursos narrativo, filosófico, mítico y religioso. Adoptando expresamente el nombre del personaje simbólico divulgado por Ibn Sina en un breve opúsculo, Hayy ibn Yaqzan (Vivo, hijo de Despierto), Ibn Tufayl se propone explicar la verdadera sabiduría oriental (al-hikma al-mashriqiyya) de Ibn Sina. Con este propósito, Ibn Tufayl compone su espléndido relato filosófico dirigido, según el género de la epístola clásica, a un interlocutor anónimo que lo interpela, y de acuerdo con el siguiente esquema narrativo: a) interesante introducción crítica en la que el autor marca la esfera de su versión de la filosofía oriental avicenista en relación con la mística de al-Bistami o al-Hallay, citados sólo indirectamente, y, sobre todo, frente al pensamiento de Ibn Bayya, al-Farabi, al-Gazali y el propio Ibn Sina; señala los límites de los filósofos especulativos (ahl al-nazar) y aboga por el conocimiento superior de los santos (ahl al-wilaya), que es gustativo (dawq), inefable e intransferible; b) ubicación del relato en la isla mítica de al-Waqwaq en la India en el clima más perfecto debajo del ecuador; nacimiento mítico de Hayy: engendramiento biológico del héroe por parte de la hermana de un rey, al que oculta su gestación por tratarse del fruto de un amor prohibido, y salvamento del niño, como en el relato coránico de Moisés, lanzándolo al mar en una caja; posteriormente expone, con sumo detalle, la posible gestación por generación espontánea de Hayy a partir de la arcilla y con el concurso de los cuatro elementos fundamentales (tierra, agua, fuego y aire) y el de emanación (fayd) del Espíritu (ruh) divino; el autor no se pronuncia por ninguna de las dos versiones, pero ambas subrayan la ausencia absoluta de contacto del protagonista con la civilización; como otros héroes míticos criados por un animal, Hayy es amamantado en su isla desierta por una gacela, con la que mantiene una entrañable relación materno-filial y de aprendizaje, hasta el fallecimiento de la gacela y su disección por parte de Hayy para descubrir el motivo de su muerte; a partir de aquí, el solitario de Ibn Tufayl recorre un dilatado proceso de aprendizaje por observación, imitación y cierta experimentación de los mundos mineral, vegetal y animal, que se continúa con el conocimiento del cosmos, del alma y de los principios metafísicos; cada etapa evolutiva y cognoscitiva de Hayy se produce simbólicamente cada siete años; c) la observación de la perfección del mundo y de que todo necesita un hacedor, le lleva a la certeza de que ha de haber un Ser Necesariamente Existente (al-wayib al-wuyud); deja abierto, sin embargo, el difícil escollo de la eternidad o no del mundo; la luminosidad, pureza y movimiento circular y sempiterno de los astros celestes le hace entender que son intelectos cercanos al Hacedor y procede a asimilarse a ellos a través de la ascética y los ritos giratorios hasta alcanzar el éxtasis y la visión beatífica de Dios, que expresa en términos estéticos de esplendor y belleza inefables; d) encuentro con Asal (Absal, según algunos mss.): las divergencias con Salaman, rey de una isla cercana, y prototipo de la interpretación superficial de la Revelación, y, sobre todo, el estado de corrupción en que vive la sociedad, llevan al docto y piadoso Asal a buscar la soledad, para lo cual se traslada a la isla de Hayy; Asal enseña el lenguaje a Hayy, y descubre que éste ha alcanzado el máximo nivel contemplativo y todas las verdades reveladas por su propio esfuerzo intelectual, sin enseñanza ni texto de ninguna clase. Finalmente, y cuando Hayy comprueba la imposibilidad de reformar la sociedad, se queda con su compañero en la isla entregados ambos a la contemplación; e) breve epílogo en que el autor asegura haber expuesto, de modo velado e incompleto, sutiles secretos cognoscitivos nunca antes expresados.

La obra de Ibn Tufayl lleva al extremo la utopía de la vía iniciática del solitario, cuyo más directo antecedente es El régimen del solitario (Tadbir al-mutawahhid) de Ibn Bayya. Por motivos todavía poco estudiados, Ibn Tufayl propone una ruptura absoluta con la sociedad para alcanzar los saberes elevados y recuperar el sentido profundo de la Revelación. Su propuesta no deja de ser inquietante, por cuanto que sugiere ?en contra de la propia tradición islámica? un mundo sin mujeres, asexuado, en el que el mundo sensible y lo imaginario son impedimentos para acceder al conocimiento intuitivo. La posibilidad de acceso a la Verdad por vía espontánea y natural, propuesta por Ibn Tufayl, despertó el interés de la Ilustración por este relato, aunque su máxima incidencia parece haberla tenido en el mundo anglosajón, donde proliferaron sus traducciones y donde llegó a convertirse en libro de cabecera de sectas como la de los quáqueros. En Oriente, la figura de Hayy ibn Yaqzan es retomada en el relato El exilio occidental (al-Gurba al-garbiyya) de al-Suhrawardi, aunque con otras derivaciones alegóricas. La obra de Ibn Tufayl ha sido considerada, además, como una de las primeras y más acabadas formalizaciones literarias del mito de la persona hecha a sí misma en estado salvaje, y se le han advertido interesantes similitudes con El criticón de Baltasar Gracián, con Robinson Crusoe de Daniel Defoe y la saga de robinsones a que dio lugar, dejando al margen, claro está, las profundas diferencias filosóficas y culturales que separan a estos textos del Hayy b. Yaqzan andalusí.

Con un estilo vivaz, pulcro y sin apenas digresiones, manejando con suma destreza la segunda persona y el monólogo interior, a lo que hay que sumar la esmerada ligazón de los elementos del relato, siempre en continua progresión, y el tratamiento profundamente armónico del conjunto, la Risalat Hayy b. Yaqzan se sitúa, junto a obras maestras como El Collar de la paloma de Ibn Hazm, en la cima de la prosa literario-filosófica de al-Andalus.

- Risala fi l-Nafs (Epístola sobre el alma).

La única noticia que tenemos sobre esta epístola es que al-Marrakushi la menciona entre sus obras metafísicas, indicando que vio la copia que había escrito Ibn Tufayl de su puño y letra, quizá en el año 603 (=1206-7), cuando el historiador magrebí se encontró en Marraquech con Yahyà, hijo de Ibn Tufayl.

- Poesía:

Poemas dispersos son recogidos por Ibn Sa`id al-Magribi, al-Maqqari, Ibn al-Abbar (en el resumen de al-Balafiqi), al-Marrakushi, Ibn al-Jatib y al-Safadi.

Pese a que Ibn Tufayl no está considerado como un distinguido poeta, sus poemas no dejan de tener interés, pues nos acercan a esta interesante personalidad desde otra perspectiva. Los escasos fragmentos que nos han llegado son de carácter muy diverso, desde los circunstanciales (una llamada a las tribus árabes para que acudan a una campaña militar, un elogio al cuidado que los almohades dispensaban a un célebre ejemplar coránico y una elegía dedicada a su amigo Ibn al-Saqr) hasta el filosófico y ascético, pasando por el amoroso, en el que utiliza los tópicos usuales en este tipo de poemas, si bien se prestan a una posible lectura en clave mística.

Algunos de ellos han sido traducidos al español. V. García Gómez, E., "Una qasida política inédita de Ibn Tufayl", RIEEI, 1 (1953), 21-28; Lirola Delgado, J.; y Garija Galán, I., "Claves para interpretar unos poemas de Ibn Tufayl", HJMFB, I, 201-15; y Velázquez Basanta, F., "Un bibliófilo almeriense del siglo XII: Abu l-`Abbas Ahmad ibn al-Saqr", AA-M, 7 (1999), 295-315.

- Uryuza fi l-tibb (Poema en metro rayaz sobre medicina).

Se conserva en un manuscrito, en mal estado de conservación, en Jizanat Yami` al-Qarawiyin de Fez, nº 3138, bajo el título de Manzuma rayaziyya fi `ilm al-tibb (Composición poética en metro rayaz acerca de la ciencia de la medicina).

Este poema didáctico-científico ha sido editado, en parte, y estudiado por Mahmud al-Hayy Qasim Muhammad en "Amrad al-`ayn fi uryuzat Ibn Tufayl", al-Mawrid, 14 (1985), nº 4, 153-68; y "Qira''a fi uryuzat Ibn Tufayl fi l-tibb", MMMA, 30 (1986), 47-82. Además, v. Muhammad `Abd al-`Aziz al-Dabbag, "al-Uryuza al-tibbiyya li-Abi Bakr Ibn Tufayl", Da`wat al-Haqq, 239 (1984), 58-64; y Abdelhadi Tazi, "Un ejemplo de patrimonio árabe en el campo de la medicina: el poema de Ibn Tufayl compuesto en el metro de rayaz", II Coloquio Internacional sobre la Cultura Árabe y su Proyección en España e Iberoamérica (Tucumán, 1991).

- De manera imprecisa se le atribuyen contribuciones a la Astronomía: el célebre astrónomo y discípulo de Ibn Tufayl, al-Bitruyi (Kitab fi l-hay''a, ms. El Escorial, n? 963, 13r; trad. B. Goldstein, Al-Bitruji: On the Principles of Astronomy, 2 vols., New Haven-Londres, 1971, I, 61, n? 18) cuenta que su maestro concibió un sistema que explicaba la realidad prescindiendo de excéntricas y de epiciclos, y prometió escribir un libro sobre el tema, si bien, como señala Samsó (Ciencias, 338), es poco probable que cumpliera su promesa, aunque debió de transmitir sus teorías tanto a Ibn Rushd como a al-Bitruyi.

FUENTES: AL-BALAFIQI, Muqtadab, 125-6; IBN `ABD AL-MALIK, Dayl, I, 231-2, y VI, 407 (n? 1089); IBN ABI USAYBI`A, `Uyun, II, 78; IBN ABI ZAR`, Rawd, 194/388 y 207/409-10; IBN JALLIKAN, Wafayat, VII, 134-6; IBN AL-JATIB, Ihata, II, 478-82; IBN SAHIB AL-SALAT, Mann, 437-41/163-4; IBN SA`ID, Mugrib, II, 85-6; IBN AL-ZAYYAT AL-TADILI, Tashawwuf, 36; AL-MAQQARI, Nafh, I, 607-15; AL-MARRAKUShI, Mu`yib, 349-54/194-6; AL-SAFADI, Wafi, IV, 37.

BIBLIOGRAFÍA: Además de las obras citadas en el texto: AYALA, J. M., "El Criticón de Gracián y el filósofo autodidacto de Abentofail", Actas de la I Reunión de filósofos aragoneses, Zaragoza, 1986, pp. 255-69; BADAWI, `A. R., Mawsu`a, I, 67-84; BROCKELMANN, I, 460 y SI, 831; BÜRGEL, J. C., "Ibn Tufayl and his Hayy ibn Yaqzan: A turning point in Arabic Philosophical writing", en JAYYUSI (ed.), Legacy, 830-846; CARRA DE VAUX, B., "Ibn Tufayl", EI2 (ed. ingl.), III, 957; CONRAD, L. I. (ed.), The world of Ibn Tufayl. Interdisciplinary perspectives on Hayy ibn Yaqzan, Leiden, 1996; CRUZ HERNÁNDEZ, M., Historia, II, 445-68; GANNOUCHI, A., "L''insularité philosophique en Espagne musulmane", A4CHT, 119-28; GARCÍA GÓMEZ, E., "Un cuento árabe, fuente común de Abentofail y de Gracián", RABM, 47 (1926), 1-67 y 241-69; GAUTHIER, L., Ibn Thofaïl: sa vie, ses oevres, París, 1909 (reimpr. París, 1983); GOICHON, A. M., "Hayy b. Yakzan", EI2 (ed. ingl.), III, 330-4; GUTAS, D., "Ibn Tufayl on Ibn Sina''s Eastern Philosophy", Orients, 34 (1994), 222-41; HAWI, S. S., Islamic naturalism and mysticism. A philosophic study of Ibn Tufayl''s Hayy ibn Yaqzan, Leiden, 1974; KOCACHE, R., The Journey of the Soul: The Story of Hai bin Yaqzân as Told Abu Bakr Muhammad bin Tufail, Londres, 1982; MALTI-DOUGLAS, Fedwa, "Flight from the Female Body: Ibn Tufayl''s Male Utopia", en Womans''s Body, Woman''s Word. Gender and Discourse in Arabo-Islamic Writing, Princeton, 1991, 67-84; QASIMI, A., "al-Tabarru'' al-talaffuzi wa-l-ramziyya `inda Ibn Tufayl", Dirasat `arabiyya, Beirut, 1998, n? 1/2, 45-72; RAMÓN GUERRERO, R., "Ibn Tufayl y el Siglo de las Luces. La idea de razón natural en el filósofo andalusí", ASHFUCM, 5 (1985), 53-8; SA`D, Faruq, intr. a Ibn Tufayl, Hayy b. Yaqzan, Beirut, 19803, 5-101; SALIH, M., Ibn Tufayl, qadaya wa-mawaqif, Bagdad, 1980; TORNERO, E., intr. a Ibn Tufayl, El filósofo autotidacto, trad. de Ángel González Palencia, Madrid, 1995, 13-29.

 

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